El castillo de Chenonceau, propiedad de la Corona y después residencia de la realeza, es un lugar excepcional por su concepción original, la riqueza de sus colecciones, de su mobiliario y de su decoración, pero también por su destino, puesto que fue querido, administrado y protegido por mujeres, todas fuera de lo común, y de las cuales la mayoría han marcado la historia.
Conocido como el «Castillo de las Damas» en la historia de Francia, fue construido en 1513 por Katherine Briçonnet, embellecido sucesivamente por Diana de Poitiers y por Catalina de Médicis y salvado del rigor de la revolución por la Señora Dupin.
Esta marca femenina, omnipresente, lo ha preservado de los conflictos y de las guerras, convirtiéndolo desde siempre en un lugar de paz.
El Castillo de Chenonceau posee una colección única de pinturas de los grandes maestros: Murillo, Tintoreto, Nicolas Poussin, Correggio, Rubens, Primatice, Van Loo... Así como una selección rarísima de tapicerías de Flandes del siglo XVI.
A lo largo de su historia este castillo emblemático ha atraído a los talentos e inspirado a los más grandes artistas. Transmitir la belleza, unir la elegancia de la arquitectura a la del espíritu, es también compartir un estilo de vida refinado.

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